22 de abril de 2011, Viernes Santo: 1.200 km en una furgo
El jueves por la tarde recogimos a mi hermano en la estación de Barcelona, aprovechamos para comer una última vez en el Kikuchan, (¡sabe Dios cuándo tendremos otra ocasión!) y vi a mi hermano probar por primera vez el Ramen y el sushi ^^ ¡Y le gustó! ¡Yey!
Ya en Girona recogimos la furgoneta de alquiler, y la rellenamos con toda la mudanza. Fue agotador!! Y nos llevó horas!! Al menos nos dio tiempo a dar un bonito paseo por el río, ver San Feliu, la Catedral y -¡por supuesto!- besar el culo de la leona, a ver si se cumple la leyenda y volvemos. ¡Pero de visita! ¡de visita! XD
El viernes madrugamos todos: mi hermano, mi amorsito y servidora. Le di un último y definitivo repaso al piso vacío, y nos pusimos en camino. La verdad es que siempre he adorado la carretera. Me pasé la infancia yendo de un lado para otro en coche: los fines de semana al pantano o a la costa, a los concursos de pesca de mi padre, a acampadas en vacaciones a cualquier lugar distante, a ver a parientes que vivían lejos… Y no había una sola vez que no me pasara el viaje devorando el paisaje con los ojos. Los trenes son parecidos, pero no es lo mismo. Su ruta se limita a las vías, sin posibilidad de improvisar, perderse, experimentar… En las carreteras es donde reside la auténtica aventura
Y de hecho, ¡nos perdimos!! Cerca de Barcelona, (que atravesamos un par de veces XD) y cuando nos atrevimos a evitar una de las autopistas de peaje. Al cabo de dos horas de revueltas por caminos de montes, decidimos por unanimidad que no sería tan malo pagar el dichoso peaje XD Es algo que nos sorprende mucho en el Sur de España. También en Andalucía hay autopistas de peaje que, a cambio de un módico precio, suponen un ahorro de tiempo y de gasolina pero… la alternativa no es nunca tan terrible. Nos dio la sensación de que los peajes en Cataluña y Valencia parecen un chantaje ¬_¬ (“Pasa por aquí, y paga, o atente a las consecuencias”) ¡Buf!
Por cada capital que dejábamos atrás, enviábamos un SMS de una sola palabra a nuestra familia: “Barcelona”…“Tarragona”…“Castellón”… “Valencia”… En algún punto se nos ocurrió enviarlos con desfase, (una capital de retraso) para dar la sorpresa al llegar.
La sensación de ir “devorando kilómetros” era genial. Bonitos paisajes, un cielo desapacible (llovía por casi toda España ese día) pero benigno con nosotros, que apenas nos mojamos, pero también nos libramos del calor del sol. Buena música por la radio. Una excelente compañía. En definitiva, un viaje estupendo en el que sólo parábamos a repostar y a comer. No pude evitar pensar en esas Road Movies americanas, de gente que cruza el país de costa a costa.
La última vez que paramos a por gasolina, poniéndose ya el sol, le pregunté a la chica del área de servicio si ya estábamos en la provincia de Almería.
“¡Qué va! E’to es Graná!” respondió, y el corazón me dio un vuelco de alegría XD ¡Cuánto echaba de menos ese acento andaluz! A partir de ahí empezó a sonarme todo el paisaje: Pasamos por Guadix, y sus casas-cueva, de donde es mi madre. Vimos de lejos Granada (capital), Loja… y de pronto la señal de la provincia de Málaga! 8D Es una sensación única, cuando te ves por fin en tu hogar tras una larga ausencia.
Entre que llegamos a la ciudad, aparcamos, descargamos y devolvimos la furgo, nos dio la madrugada. El fin de semana nos sirvió para recuperarnos del palizón, (pasarlo bien no quita que fuera agotador) y sólo faltaba ya un último detalle para comenzar la nueva vida como frikifuncionaria en mi tierra:
Encontrar un piso en Marbella.




